Por: Leoncio Noboa

El día tiene 24 horas. Esos son 1,400 minutos y si lo expresamos en segundos son 84,400. Son bastante segundos. Sin embargo, que provecho le sacamos a ese tiempo tan largo, veamos.

Vamos a asumir que de esas 24 horas dormimos 7. Es lo mínimo que deberíamos dormir para reponer la fuerza física, equilibrio mental y emocional para empezar el día siguiente renovado y nuevecito para seguir con la rutina del dia a dia.

El tiempo del que disponemos día tras día es valiosísimo. No es cuantificable, no tiene precio. Una vez que lo tiene si no lo usas lo pierdes. No hay sumatoria. Es como el deposito que hace la seguridad social para cubrir los gastos en medicamentos. Te depositan 12 mil pesos por año, si no los consume todo en el año los que te quedan lo pierdes. No te lo suman en el siguiente deposito.

Eso precisamente pasa con el tiempo. Si no lo usamos lo perdemos y no habrá forma ni manera de recuperarlo. Ni de decirle, espérame ahí que vengo ahora. Lo que tengamos que hacer hagámoslo ahora, no lo pospongamos.

En la crianza de los hijos no esperemos a que lleguen a adolescentes para enseñarle lo que tenemos que enseñarle. Hagámoslo ahora cuando tienen a penas 1, 2, 3 años, inclusive antes de nacer porque si no, nos van a pasar una nueva factura y no habrá sumatoria de crianza, o sea lo que no hicimos en el momento que realmente se necesitaba se hará más difícil en el futuro.

No le dejemos solamente la crianza de los hijos y nietos a las guarderías. estancias infantiles, a la escuela o las nanas, como está sucediendo ahora. Dediquémosle tiempo a nuestros hijos y que sea un tiempo de calidad, no una ñapa.

Este tiempo de navidad se presta precisamente para que la familia haga espacio y tiempo para juntarse padres, madres, hijos y hasta los vecinos para compartir no solo la comida sino también las vivencias, los recuerdos y los momentos de alegría y de tristeza, que han marcado sus vidas para siempre.