Por: Leoncio Noboa.

Cuando era niño pensaba como niño, cuando era adolescente pensaba como adolescente y ahora que soy adulto mayor pienso y actuó como adulto mayor.

La familia está pasando actualmente por una de sus tantas etapas. No podemos decir que es la peor al hablar por ejemplo de la crisis de valores, referidos a la honradez, a la honestidad, al respeto, a la autoridad.

Estamos en uno de los tantos estadios o etapas por la que está pasando la humanidad, la familia.

Precisamente ahora mismo estamos pasando por una etapa decisiva en el seno de la familia que podría ser muy beneficiosa. Beneficiosa en la manera de alimentarnos, de comunicarnos, de distribuir el tiempo en el hogar, etc. En fin de tener mas tiempo para la familia misma que tanta falta hace.

Ahora bien, no por ello vamos a tirar la toalla y dejar al tiempo los avatares de la vida misma. Tenemos que luchar a diente y uña para que los tiempos no nos sigan marcando negativamente, sobre todo a esas generaciones de niños, niñas y adolescentes que viene detrás de nosotros.

Hablamos de una inversión de valores en las familias. Y que se parece a una moneda devaluada. Y yo diría que es al revés. Es una moneda de alto valor porque está escasa, está escasa en el mercado. Esta escasa en estos momentos la honradez, la fidelidad, la autoridad, el respeto, no codiciar lo que no es suyo, el no cumplir con la palabra empeñada, etc., etc.

Ciertamente la cadena de irrespeto comienza en el seno de la familia misma salpicando y comprometiendo otras áreas como la escuela, la misma iglesia que además de la familia también tienen una gran cuota de participación en el quehacer del hogar y de la familia misma.

Y por último el Estado, que en la mayoría de los casos tiene que adoptar medidas coercitivas y tremendistas porque los protagonistas anteriores, llámese hogar, escuelas e iglesias no hicieron lo que debieron hacer en el momento y el tiempo oportuno y después nos quejamos sin razón, tratando de buscar un culpable.

El tiempo pasa y con él se van dando los hechos propios de la época. Estos hechos se dan quiéralo usted o no.

Familias, lo que tenemos que hacer hagámoslo ahora. Ganémosle tiempo al tiempo. El no perdona ni espera a nadie. Siempre ha sido así.