Por: Leoncio Noboa
En la historia de la salvación, dos personajes que siempre vamos a tener presentes: La virgen María y Jesús de Nazaret. Ellos aceptaron disciplinadamente contribuir con el plan divino de salvar a una humanidad manchada por el pecado.
María, una joven creyente tuvo la confianza y la valentía de aceptar la voluntad de Dios por encima de los criterios y prejuicios humanos: HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR, HAGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA. Del evangelista San Lucas 1:26-36 (ver cita bíblica).
María, pudo haber dicho que no. Estaba en su derecho y su libertad. Sin embargo aceptó de buena fe el gran reto de ser la madre eterna del hijo de Dios, arriesgándose al qué dirán dada la cultura del pueblo judío y sobre todo sus leyes y preceptos.
Junto con María, un gran hombre, que aunque los evangelios no lo destacan mucho, jugó un papel determinante: San José. El sacrificó su propia honra como hombre en medio de una cultura que discriminaba fuertemente a la mujer.
Jesús de Nazaret. Si grande fue la entrega de María, mayor fue la de Jesús. Él lo dio todo hasta morir en una cruz. Lo dio todo a cambio de nada. Su papel fue hacer la voluntad del padre. Hubo un momento muy específico en que Jesús como que quería zafarse de la gran misión cuando expresa: PADRE SI ES POSIBLE APARTA DE MI ESTE CALIZ PERO QUE NO SE HAGA MI VOLUNTAD SINO LA TUYA. Ver cita en el evangelio de san Mateo (26:39-40).
Con unas condiciones humanas que lo hacían flaquear no calló ante la tentación de abandonar la misión que comenzó su madre y que él iba a terminar exitosamente. María aceptó ser la madre del salvador del mundo. Su hijo Jesús, no solamente completó la misión sino que se entregó al morir en una cruz.
Los cristianos debemos estar muy agradecidos del gran sacrificio que hicieron Jesús y maría. Gracias a ellos hoy tenemos el gran chance de presentarnos al padre como hijos auténticos de él.
No defraudemos a María y a Jesús. Ellos son y serán siempre nuestros ejemplos a seguir en medio de la situación que vive el mundo hoy. Donde la violencia, el odio, el rencor, la envidia y la mezquindad están haciendo su agosto, lamentablemente.
