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MENSAJE A LOS JOVENES POR EL DÍA DE LA JUVENTUD

MENSAJE A LOS JOVENES POR EL DÍA DE LA JUVENTUD

La Comisión Nacional de Pastoral Juvenil de la Conferencia del Episcopado Dominicano, como entidad responsable del acompañamiento de líderes juveniles, en el marco de la celebración del Día Nacional de la Juventud 2021 deseamos hacer un llamado a los jóvenes y a la sociedad en general a no perder las esperanzas y confiar en Dios quien nos protege cada día con su amor misericordioso pero a la vez, es preciso recordar la necesidad de ser prudentes al cuidarnos y cuidar a los demás para que pronto podamos salir de esta crisis sanitaria mundial.

Es cierto que estamos en pandemia, que la crisis económica recién inicia y hay muchos obstáculos que nos acechan, pero también debemos recordar que la Palabra de Dios nos invita a la esperanza pues nadie dijo que sería fácil. Ser joven es ser valientes y tenemos que alimentarnos de la oración y de los sacramentos para fortalecernos en estos tiempos difíciles y así luchar por la fidelidad, la generosidad y el testimonio de vida.

Atrevámonos a mirar nuestra propia historia bajo la vista del sacrificio de Jesús, que nos lleva a no tomar decisiones en tiempos de crisis, más bien convertir oportunidades de crecimiento y fortalecimiento porque estamos protegidos bajo el poder de la Palabra del Señor que nos ampara y nos defiende.

Líderes juveniles, asesores y acompañantes, en este año que recién inicia es propicio ser más cercanos y acompañar a nuestros jóvenes y a aquellas personas que más nos necesitan, escucharlos, acogerlos con amor sin juzgar y estar prestos para ayudar, y no solo hablamos del acompañamiento espiritual, que también es importante, si no de aquellas necesidades emocionales, económicas y laborales que sabemos que muchos están sufriendo y es nuestro deber a portar nuestro granito de arena para que ellos sientan el amor de Dios en sus vidas.

Nuestro Señor es fiel a su promesa de salvación, y nunca se olvida de nosotros, indiscutiblemente todos conocemos a tantas personas, a tantos jóvenes que han resurgido de las cenizas, se han reinventado, han emprendido proyectos y son mejores personas después de una crisis porque aprenden, crecen y se hacen más fuerte. No perdamos la esperanza, apoyemos y cuidemos lo que tenemos para que, con nuestras acciones, podamos dar testimonio del amor de Dios presente en nuestras vidas.  

También hacemos un llamado a la prudencia social y deseamos que podamos respetarlos lineamientos establecidos por el Estado para poder protegernos de esta enfermedad que atenta contra nuestra paz. Es inconcebible que todo un país pague por las malos comportamientos de jóvenes que no desean cuidar sus vidas y se exponen en fiestas y lugares recreativos, y se ha convertido en un hobby violentar el toque de queda y protocolos establecidos por las autoridades porque le es más fácil pagar una multa que cuidar su salud y la de su familia.

Jóvenes esto no es un juego. Llevamos más de 10 meses luchando con una enfermedad que ha detenido la vida de todos, y mientras ustedes sigan en las calles en fiestas y desordenes, queriendo acabar con sus vidas en una noche, también hay familias que pierden sus empleos y no pueden llevar el pan década día a su mesa, hay personas que mueren diario en los hospitales porque alguien les contagió del virus mientras trabajaban o van al supermercado o simplemente por estar en sus hogares con otros que no respetaron el distanciamiento y no se protegieron. No es solo su vida la que está en juego, está la de todos. Si cumplimos las normas y aplicamos los protocolos, protegemos nuestra salud y la de los demás. Solo necesitamos un poco de prudencia y consideración para que podamos salir juntos de esto.

Y a propósito de cuidar nuestra salud para preservar nuestras vidas, también, aprovechamos la ocasión para reafirmar nuestro compromiso con la defensa de la vida ante el nuevo resurgimiento del tema de las “Tres Causales” y la insistencia de aprobación del aborto bajo condicionantes que irrespetan el derecho que solo Dios nos ha dado y puede quitarlo. Nos sumamos al pensamiento de nuestros obispos, que, de manera colegiada, nos han dicho que no estamos para presentar una nueva doctrina sino más bien, reafirmar las verdades del magisterio eclesial y de nuestra constitución dominicana que consagran la vida desde su concepción hasta la muerte, y que debemos elevarla dignidad humana.

Así como hacemos lo imposible para preservar la vida de nuestros familiares y amigos cercanos, nos preocupamos por su salud, el cuidado de los animales y la protección del Medio Ambiente también hay que proteger a aquellos más débiles que no tienen voz y necesitan nacer para ser luz y seguir transformando nuestra sociedad.

Queridos jóvenes, nosotros hemos tenido la oportunidad de llegar a este mundo a través de distintas circunstancias y tenemos opciones para elegir el camino que deseamos recorrer, la opción de ser productivos, estudiar, trabajar y desarrollar distintas opciones de vida según nuestros gustos. Dios tiene un propósito con cada una de nuestras vidas ya sea de bendición o de lección para aquellos que nos rodean. No le quitemos la oportunidad de que otras generaciones nazcan y puedan ellos también cumplir ese propósito de existencia en la vida de aquellos que lo tendrán cerca. Solo imagina la idea de qué pasaría sino existieras, si otro hubiera decidido por tu vida y nada de lo que has logrado y experimentado lo hubieras podido vivir. Esa misma historia es para aquellos que no tienen voz, pero tampoco defensores.  Defendamos la vida, seamos sembradores de esperanza y continuemos cuidándonos unos a otros.

¡Dios les bendiga!