La coincidencia unió a Cassandra y a Julia, dos mujeres de origen dominicano, en un establecimiento de Connecticut, donde ambas descubrieron que compartían mucho más que un lugar de trabajo. Las dos mujeres se enteraron que eran hermanas biológicas separadas al nacer, y adoptadas por familias distintas en Estados Unidos, una historia fascinante, recogida por medios de prensa, evidenciando una serie de coincidencias, búsquedas personales y encuentros.

La relación entre Cassandra y Julia comenzó en un bar siendo camareras, que llevaban tatuada la bandera de República Dominicana, y aunque desde que fueron adoptadas, y Vivian en un barrio de Connecticut, no se conocieron hasta la adultez.

La similitud física entre las dos no pasó desapercibida para quienes las rodeaban, y durante meses bromeaban con la idea de ser hermanas, sin imaginar la verdad que ocultaban sus historias familiares.

A pesar de las coincidencias, los documentos de adopción no arrojaban ningún vínculo biológico entre ellas, debido a que ambos expedientes indicaban diferentes lugares de nacimiento, y madres biológicas con apellidos distintos. Con el tiempo, sus caminos laborales se separaron, pero el giro definitivo ocurrió, gracias a un kit de pruebas genéticas que Cassandra recibió como regalo de Navidad.

Los resultados la conectaron con un primo, quien le informó que su madre biológica había fallecido en 2015, y le presentó a otros miembros de la familia, incluido su padre biológico, Adriano Luna Collado.

El padre reveló detalles de la dura situación económica familiar en la República Dominicana durante la infancia de Cassandra, y que “la familia era tan pobre, que dormían sobre el piso de tierra.

Ambas organizaron un nuevo viaje a la República Dominicana para encontrarse con su familia biológica, donde su padre las recibió con una frase que marcó el momento.

El reencuentro familiar en la isla fue emotivo, ya que estas viajaron a la República Dominicana, donde fueron recibidas por familiares con camisetas que llevaban sus rostros, donde los abrazos con su padre marcaron el inicio de una nueva historia.

La celebración familiar incluyó música, baile y la reafirmación de los lazos recuperados.