Por: Leoncio Noboa.
A propósito de haberse celebrado el Día de la Salud Mental el pasado día de octubre, el ingeniero Leoncio Noboa nos comparte el siguiente artículo:
Cada 10 de octubre, se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. Después del COVID-19, muchas personas y familias quedaron con claros indicios de trastornos emocionales y mentales. Tales como ansiedad, depresión, estrés, miedo, tristeza y pánico. Esto, debido al encerramiento casi obligado en el hogar, pérdida del empleo, muerte de un familiar, etc.
Toda o casi toda la atención de esta pandemia se concentró en los síntomas físicos (fiebre, dolor de la garganta, pérdida del olfato, pérdida del sabor, dificultad para respirar, etc.).
Para ello se echaba mano a cualquier remedio y medicamentos que nos recomendaban vecinos y amigos. Nos llegó la vacuna que se estuvieron aplicando desde la primera hasta la cuarta dosis.
Sin embargo, casi nos olvidamos de que esta enfermedad, la gran consecuencia que nos dejaría, es el comportamiento de la conducta durante y después de la misma. Para ello no hubo vacuna. Y aunque en el área de psiquiatría se pueden administrar algunos medicamentos, son muy costosos.
Es casi seguro que muchos patrones de conducta después del virus cambiaron nuestro comportamiento en la familia y el entorno.
Por ejemplo, es casi seguro que ahora nos lavamos las manos con más frecuencia, los besuqueos y abrazos son menos frecuentes y posiblemente a algunos se nos quedará el uso de la mascarilla permanentemente, a pesar de no necesitarla con tanta urgencia.
Ante este panorama, debemos prestar mucha atención a la situación emocional que de seguro se ha estado presentando en algunos de los miembros de la familia, sobre todo en los de edad más avanzada e inclusive jóvenes.
Acudamos al profesional de la conducta sin miedo y sin el complejo de que nos estemos volviendo locos de remate. Es normal que hayamos quedado con algunas de estas secuelas que he mencionado.
En algunos hospitales públicos hay unidades de salud mental; aprovechemos y no dejemos que las cosas se nos vayan más lejos.
La salud mental prevalece sobre la salud física. En ella se juega nuestra tranquilidad, el sosiego, el control personal y de la familia. No juguemos con eso.
En nuestro país, el Estado no está dedicando la atención requerida a esta área de la salud. Hay intenciones, pero solo se han quedado ahí. Hay que ir más lejos.
Por ejemplo, la ley 87-01 de la seguridad social no contempla todavía ninguna cobertura para la salud mental. Esto hay que corregirlo.
La salud mental es tan o más importante que la física. De ella dependen nuestro equilibrio, el estado emocional y las relaciones humanas en el entorno y sobre todo en la familia.
