Misterios Gozosos. La Anunciación, la Visitación, la Natividad, la Presentación y el encuentro de Jesús en el templo, que resaltan el papel de María como Madre de Dios.
Misterios Dolorosos. La Agonía en el Huerto, la Flagelación, la Coronación de Espinas, la Crucifixión y la muerte de Jesús, donde María comparte el sufrimiento de su Hijo.
Misterios Gloriosos. La Resurrección, la Ascensión, la Venida del Espíritu Santo, la Asunción y la Coronación de María, que culminan en la gloria de Cristo y la participación de María en la vida eterna.
El Papa Juan Pablo II, explicó que los misterios gloriosos “son también misterios de Cristo, en los que encontramos la presencia espiritual de María” y que, al rezar, nos unimos a ella como “nuestra mejor mediadora” y como compañera de los apóstoles en el cenáculo, preparándonos para recibir al Espíritu Santo.
