¿Puede una madre olvidar a su hijo? (Is 49,15)

El profeta Isaías, presenta una imagen familiar de Dios, comprando su amor con el de una madre, que no olvida al hijo de sus entrañas. La afirmación de que si una madre puede olvidar a su hijo El no lo hará, nos dice la grandeza de su amor. Esta comparación que el profeta hace del amor de una madre con el amor de Dios nos habla de que tan grande ha de ser el amor de una madre.

De una madre se espera amor y ternura, pero siempre habrá de ir acompañado de enseñanza responsable y honesta de valores, que harán de sus hijos buenos ciudanos y mejores cristianos.

El amor materno vivido y practicado desde la honestidades es el que enseña a los hijos, su dignidad de hijo de Dios y a respectar, de esa misma manera, la dignidad del otro; haciéndoles conscientes de que, aunque se le ama, no se justifica en ellos lo que moralmente no está bien.

La honestidad, se aprende primero en el hogar. Todos tenemos alguna referencia de las actuaciones de nuestras madres en tiempos pasados cuando uno de sus hijos llegaba con algo ajeno a su casa y que Mamá lo hacía devolverlo. Gestos como estos nos enseñaron la diferencia entre lo propio y lo ajeno y respetar lo del otro. Es una practique que extrañamos del pasado y que hace falta practicar hoy.

La maternidad es un don de Dios, y una responsabilidad de formar y educar correctamente una criatura. “Educa al muchacho en el buen camino: cuando envejezca no se apartará de el” (Prov. 22,6)

Fuente: Guía del plan pastoral-mayo 2023