Las cuatro velas de la corona de Adviento, un símbolo tradicional en muchas hogares cristianos, representan de manera colectiva las etapas progresivas de la historia de la salvación antes de la venida de Cristo. Su encendido gradual, domingo a domingo durante las cuatro semanas de Adviento, evoca la luz profética que ilumina progresivamente la larga noche de espera hasta el amanecer del «Sol de justicia» (cf. Ml 3,20; Lc 1,78).

La corona, hecha con ramas verdes, subraya la vitalidad y la esperanza del tiempo litúrgico, preparando el corazón para la celebración de la Navidad y la segunda venida del Señor.

El encendido de las velas invita a una reflexión sobre la paciencia y la vigilancia en la fe, conectando el Antiguo Testamento con el Nuevo, y fomentando una esperanza anclada en la fidelidad de Dios.