El viernes Santo (3 de abril) fue la conmemoración de la muerte del Señor Jesús ha enseñado que el sentido de la vida es el amor, y el amor verdadero llega hasta el extremo de entregar la propia vida.
Este día se contempló la cruz del Señor. Dónde tuvo origen la salvación del mundo. En la comunión se hace partícipe de su cuerpo entregado y su sangre derramada.
En la homilía de este día, monseñor Andrés Napoleón Romero Cárdenas, obispo de la diócesis de Barahona, recordó que al seguir la secuencia del evangelio de Juan, podemos encontrar la centralidad, la razón y el porqué: Jesús, al llegarle la hora, nos amó hasta el extremo y murió en la cruz.
Además, invitó a meditar profundamente y contemplar no solo los sufrimientos de Jesús. Todo el dolor desde el aprovechamiento, el juicio, los azotes, la corona de espinas, la bofetada, las burlas y las heridas son expresiones crueles de violencia para el inocente. Resaltó que no nos debemos quedar nada más en esta parte.
La Semana Santa es para contemplar el amor sin límite que Jesús tiene por la humanidad, soportando y aceptando todo este sufrimiento, hasta el extremo, pasando de lo exterior al interior.
Cuando comprendamos el misterio de la Cruz, y cuanto más nos agarramos de Jesús, más llevadera será nuestra Cruz. Señaló monseñor Andrés durante esta homilía. El viernes santo, también invita a pedir perseverancia en la cruz que cargamos, agregó.
En esta celebración se adoró la cruz de Cristo, símbolo de su muerte por cada ser humano.
Luego se realizó el recorrido del viacrucis guardando silencio, reconociendo el amor de Dios entregado y donado en la persona de Cristo.
