Por: Diomedes Medina.
El pasado viernes 11 del corriente mes de abril, se reunieron en Batey 4, de la zona cañera, sacerdotes, hermanas consagradas, laicos y otros, para dar una muestra de que en verdad somos peregrinos de esperanza, que caminamos hacia la Pascua. En el viacrucis, las parroquias Sagrado Corazón de Jesús, San Juan Bautista, San Antonio de Padua, Nuestra Señora de los Remedios, San José, San Martín de Porres y Nuestra del Amparo; marcharon a ritmo de cantos alusivos a la época, en un recorrido lleno de entusiasmo, de entrega y amor, por Jesús resucitado.
El viacrucis que partió de Batey 4 en la zona cañera demostró una vez más que en la Iglesia somos profetas, sacerdotes y reyes, pero además trabajamos duro y con mucho sacrificio hacia una Iglesia en salida.
Es tanto así que, durante el recorrido, a muchos de nosotros nos causó gran sorpresa que, aun con un cielo nublado, con signos de lluvia, sirvió de inspiración a que con más entusiasmo nuestros hermanos y hermanas dijéramos presente.
Cabe decir que, aunque faltaron hermanos y hermanas que por alguna razón no hicieron acto de presencia, el viacrucis zonal llenó las expectativas, y para ser prudentes y no poner más de lo debido, calculamos la participación de al menos cuatrocientas personas, entre adultos, jóvenes, niños y niñas.
En el trayecto, se iban haciendo paradas en cada una de las estaciones, donde se escuchaban manifiestos de amor y esperanzas, a través de la palabra de Dios.
También se recordaron acontecimientos que tienen que ver con la vida diaria, por ejemplo, la pesada cruz que llevan los hermanos y hermanas migrantes, que tienen que cargar con el miedo, la persecución y el despojo de sus bienes materiales, dejándolos en estado de frustración y desesperanza.
Otro signo que cargamos como una cruz pesada es la falta de empleos de hombres y mujeres, y la carestía de los productos de primera necesidad, que impiden alimentar de manera adecuada a nuestros hijos e hijas, y la falta de oportunidades, que golpea cada vez más a los desfavorecidos.
Como en tiempos de Jesús, el pueblo burlado, cansado y cargando con el pesado madero, camino al calvario, lleva la cruz sobre sus hombros, sobre su espalda, azotada y herida por los latigazos de sus verdugos.
Sin embargo, a pesar de los sufrimientos, con el martirio de una corona de espinas en el trayecto del camino, vemos a Jesús abrazando la cruz por amor a su pueblo y por su fidelidad al Padre.
Por todo ello, Jesús crucificado, ayúdanos a ser fieles a tu amor en el dolor, a ser luz en la oscuridad, a ser solidarios con nuestros hermanos y hermanas, a ser peregrinos de Esperanza y fieles a la verdad y a la justicia.
