Enriquillo comenta:

Hoy, 30 de junio celebramos el Día del Maestro y la maestra en la República Dominicana, sin embargo, al hablar de esta fecha, no podemos limitarnos a una felicitación vacía, a un acto escolar, o a una mención en redes sociales.

Hablar del maestro y maestra dominicanos, es hablar de lucha, de sacrificio y de entrega. Significa estar bajo presión constante para rendir, para llenar formularios, para aplicar reformas educativas, y pararse frente a 30 o 40 estudiantes en un aula a veces sin ventilación, sin recursos, y sin apoyo emocional ni profesional.

Pero a pesar de todo, el maestro sigue ahí, enseñando con una paciencia que desafía el cansancio, y creyendo que un niño o niña que es educado hoy, es un ciudadano o ciudadana más justo mañana.

Para conseguir hombres y mujeres con valores, se necesita de un país que desarrolle una base educativa sólida, que no muchas veces es reconocida por quienes dirigen los centros educativos, ni tampoco los gobiernos de turno, sino los maestros y maestras que están todos los días, al pie del cañón.

¿Cómo es posible que en una nación que presume de avances en educación, aún tengamos aulas improvisadas, falta de materiales adecuados, y maestros y maestras sin una vivienda digna?

La Revolución Educativa no será real, si no pasa por la revalorización profunda del docente. Y no hablamos solo de salario, sino también de condiciones humanas: como  carga laboral justa, de acceso a salud mental, de jubilaciones decentes.

Hablamos de una cultura nacional, que deje de ver al maestro y la maestra, no solo como un simple servidor, sino también como el motor de la transformación social que necesita la Republica Dominicana.

Cada vez que un maestro o maestra llega al aula, está sembrando futuro en una tierra fértil si se cultiva con amor y justicia, pero debe contar con todas las herramientas, para poder brindar a los niños, niñas, jóvenes y adolescentes, una educación de calidad, adaptada a los nuevos tiempos.

Hoy, 30 de junio, no celebremos al maestro y la maestra de Republica Dominicana desde la comodidad, celebremos este día desde la conciencia, desde el compromiso de acompañarlos en su lucha, de levantar su voz cuando lo alguien intenta silenciar esa voz, de defender su causa, porque es la causa del país.

Maestro dominicano, gracias por tu entrega, por tu fe en la educación como herramienta de cambio, por resistir donde otros abandonan, por tu vocación como semilla de libertad, de educación, de entrega.

Por ello, estimulamos a los hombres y mujeres del borrador, a seguir apostando a la educación como camino, como herramienta de cambio, como esperanza.