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¿Hasta dónde llega el amor de Dios por el hombre? La reflexión del Papa Francisco

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Por Alvaro de Juana

VATICANO, 20 Oct. 15 / 04:38 am (ACI).- El amor de Dios es abundante, ilimitado y siempre sale a buscar al hombre que, al contrario, se queda en sus medidas limitadas. Es la reflexión que hizo el Papa Francisco este martes por la mañana en la capilla de la Casa Santa Marta al celebrar la Misa.

“Nosotros siempre tenemos la costumbre de medir las situaciones, las cosas con las medidas que tenemos: y nuestras medidas son pequeñas. Por eso, nos hará bien pedir al Espíritu Santo la gracia, orar al Espíritu Santo, la gracia de acercarnos al menos un poco para entender este amor y tener la voluntad de ser abrazados, besados con esta medida sin límites”.

Comentando la lectura de San Pablo a los Romanos del día (en la que habla de la abundante gracia derramada por Jesucristo en los hombres  a través de su muerte y resurrección), Francisco se preguntó cómo Dios da la amistad, la salvación.

“Da como dice que nos dará a nosotros cuando hacemos una buena obra: nos dará una buena medida, apretada, llena, rebosante… Pero esto hace pensar en la abundancia y esta palabra, ‘abundancia’, en este pasaje viene repetida tres veces”.

 

Así, “Dios da en la abundancia  hasta el punto de decir, Pablo, como el resumen final: ‘donde abundó el pecado sobreabundó la gracia’. Sobreabundó, todo. Y esto es el amor de Dios: sin medida. Todo sí mismo”.

 

“El corazón de Dios –afirmó– no es cerrado: está siempre abierto” y “cuando llegamos, como aquel hijo (refiriéndose al Hijo Pródigo de la parábola del Evangelio), nos abraza, nos besa: un Dios que hace fiesta”.

 

Entonces “Dios no es un Dios mezquino: Él no conoce la mezquindad. Él lo da todo. Dios no es un Dios ‘inmóvil’: Él mira, espera a que nos convirtamos. Dios es un Dios que sale: sale a buscar, a buscar a cada uno de nosotros. ¿Esto es verdad? Cada día Él nos busca, nos está buscando. Como ya ha hecho, como ya ha dicho en la Parábola de la oveja perdida o de la moneda perdida; busca. Siempre es así”.

En este sentido, recordó que en el cielo se hace “más fiesta” por un solo pecador que se convierte que por cien que permanecen justos. Aun así “no es fácil, con nuestros criterios humanos (…) entender el amor de Dios”.