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Enriquillo Comenta

Por considerarlo de interés, compartimos  los contenidos del editorial del Semanario Camino de la Iglesia Católica.

Titulado: Provocación

Vivimos en un país de contrastes. Mientras algunos viven en la opulencia, otros pasan sus días en la más angustiante miseria.

Solo tenemos que visitar sectores ­marginados en campos y pueblos, y nos daremos cuenta del hacinamiento, la falta de una vivienda digna y la carencia de servicios básicos en que se desenvuelven. Esta situación reduce drásticamente su esperanza de vida.
Ante esta cruda realidad, la clase política, que debiera ser la
primera en buscar ­soluciones a estos indicadores de pobreza, parece que está en otra latitud. La política es para servir y no para convertirse en fábrica de privilegios irritantes que conducen a la violencia.
Precisamente en estos días se está debatiendo el tema de las
exoneraciones para los legisladores. Unos piensan que no se debe poner límite para traer el vehículo más lujoso que anhelan. Con esta actitud niegan la promesa que hicieron a los que le favorecieron con su voto.
Los han engañado, además de burlarse de su miseria.
La suerte que aparecen congresistas que tienen una postura diferente y sienten la vergüenza de seguir acumulando privilegios a costa de un pueblo que merece un mejor destino. Estos tratan de que la imagen del Congreso no caiga en el deterioro.
Es una provocación el hecho de que del 2010 al 2016, según afirmó una congresista, el Estado dejó de percibir dos mil millones de pesos, por exoneraciones otorgadas a los legisladores.
¿Cuántos hospitales estuvieran en mejores condiciones con esta suma de dinero?
¿Cuántos caminos vecinales hoy fueran transitables?
¿Cuántas escuelas vocacionales tendríamos en cada pueblo?

En fin, muchos ­problemas nacionales fueran resueltos con esa erogación que hace el Estado para ­satisfacer la ambición de poder y ostentación de riqueza de muchos legisladores.
Mirando este panorama, llegan a nosotros las palabras del papa Francisco cuando expresa: “A cualquier persona que tenga demasiado apego por las cosas materiales o por el espejo, a quien le gusta el dinero, los banquetes exuberantes, las mansiones ­suntuosas, los trajes refinados, los autos de lujo, le aconsejaría que se fije qué está pasando en su corazón y rece para que Dios lo libere de estas
ataduras.

Pero, parafraseando al ex presidente latinoamericano que está por acá, el que tenga afición por todas estas cosas, por favor, que no se meta en política, que no se meta en una organización social o en un movimiento popular, porque va hacer mucho daño a sí mismo y al prójimo, y va a manchar la noble causa que enarbola.

Tampoco que se meta en el Seminario”.